La fotografía infrarroja emplea métodos que nos posibilitan fotografiar condensaciones de luz, comprendidas entre los 700 a 1200 nanómetros. Este tipo de fotografías tiene principalmente fines científicos y artísticos. Se inició cuando se puso en práctica el efecto de las ondas gama en cuerpos que desprendían calor, y ha tenido desde ese tiempo hasta usos militares.
Para captar este tipo de cuadros, se requiere de una fuente que emita radiación infrarroja. El calor es el objetivo que contrasta en la gama del haz infrarrojo. La diagramación esta segmentada en ondas que se acrecientan en los focos de calor de mayor intensidad, con colores de mayor viveza; por el contrario los colores son inertes y apagados en zonas frías.
Sin embargo, para este tipo de fotografía debe tenerse en cuenta los filtros infrarrojos. Ellos son los que permiten excluir la radiación ultravioleta de los cuadros, admitiendo el ingreso a través del objetivo de la cámara, únicamente del espectro infrarrojo.
Para ello se debe hacer uso de una cámara réflex común, cargada con películas y filtros que sean sensibles a la longitud de onda, pues de otra el efecto rebotaría y se viciarían los resultados.
Un apartado que si es distinto, es que las películas infrarrojas tienen mayor grado de sensibilidad con las convencionales: Deben estar sensibilizadas para trabajar en longitudes de onda entre 700 y 1200 nanómetros.
Los usos de este típico de fotografía van desde estudios médicos y científicos, hasta interpretaciones de arte vanguardista.